«The Rise of Skywalker», el fin de una saga

El 17 de diciembre, alrededor de las 10 de la mañana, asistí a la función para la prensa de la última entrega de la saga Star Wars, Episode IX – The Rise of Skywalker. Fue una invitación de parte de los amigos de Agenda Pop, algo de lo que estoy muy agradecida.

Pasada ya la euforia del primer momento… ¡sigo eufórica! Para algunos puede parecer algo tonto, pero para quienes hemos crecido con la saga es el final(?) de un largo camino que cumple más de 4 décadas. Digo final(?), porque como se ve, Disney seguirá explotando la franquicia, ya lo vemos con The Mandalorian (pronto hablaré de esa serie que me encantó) o los spin off como los protagonizados por Obi-Wan Kenobi (¡al fin!), Han Solo (espero haya una segunda parte) y otros.

Sigo con The Rise of Skywalker. De partida, la clásica contextualización a través del texto inicial y la música de fondo que me produjeron ese escalofrío que te recorre la espalda y los brazos, anticipando algo que o te asusta o te sorprende. Afortunadamente fue lo segundo. Kylo Ren, mi personaje favorito de la trilogía, da el pie al último capítulo en una búsqueda que lo llevará a encontrarse con el resucitado Emperador Palpatine y ya comienzas a ver hacia dónde va la historia… en apariencia.

Las revelaciones que la historia entrega, los guiños a las anteriores trilogías y el nuevo canon (por ahí, si mal no recuerdo, hubo mención a Darth Revan, a quien muchos quisieran ver encarnado por Keanu Reeves, nuestro único, grande y nuestro, dicho sea de paso, no hallo las horas de que llegue el 21 de mayo y ese choque de Keanus en los cines, va a ser épico, salir de una sala de ver a Neo y entrar a otra a continuar con Jhon Wick).

Finn, Chwie, Rey, C3PO y Poe.

La parte más emotiva para mí fue ver a Leia y Luke jóvenes… apenas unos segundos, pero que completaba ese deseo de verlos mientras ella era padawan de su hermano, lo que confirma sus poderes jedi usados para salvarse en el espacio, luego que su nave explotara en The Last Jedi (a mí me gustó, era lógico que ella pudiera usar la Fuerza, pero dale a los haters despotricar contra la idea, en fin, para lo que me importan sus opiniones con respecto a la saga). Aunque si soy más precisa, cada detalle entregado por J.J. Abrams y su equipo me dejó con el corazón en la mano, soñando con este broche de oro (sí, de oro) para una trilogía que podía haber sido mucho más, pero que Disney se farreó.

Ahora voy con spoilers… no, basta de eso, antes nos contaban la historia completa en los medios (como los noticieros en la tv o los diarios y revistas) y no nos daba ataque, así que sigo. Por ejemplo, Finn tratando de decirle algo importante a Rey, que resultó ser su capacidad de conexión con la Fuerza, algo que ya habíamos visto en The Force Awakens cuando tomó el sable de luz de Luke y pudo enfrentarse al Trooper que lo trató de traidor, ¡era lógico! Finn será uno de los primeros nuevos estudiantes de la Fuerza y posibles nuevos jedi, si es que la Orden continúa (pero si recordamos las palabras de Luke, los Jedi deberían desaparecer). Yo creo que muchos creyeron que sería la declaración de amor de Finn por Rey, pero nunca vi eso. Es más, yo esperaba que hubiese un acercamiento entre Poe Dameron y Rey, y aquí va otro guiño, ya que junto con Finn formaron, al fin, el trío carismático que eran Luke, Leia y Han, lamentablemente poco explotado en la secuela. De todas formas, se agradece que algo se desarrollara.

Poe Dameron (mi segundo personaje favorito de la secuela) es el siguiente Han Solo. Su cambio de vestimenta (recuerden que ese detalle es uno muy importante al crear personajes, la vestimenta dice mucho de ellos) y actitud lo hacían acercarse más al querido contrabandista que se echa mucho de menos. BB-8 y D-O tratan de formar la nueva pareja de droides adorables como son R2-D2 y C3PO, pero son tan tiernos que más parecen un par de niños que droides, aunque no quita que el primero tenga sus momentos heroicos como R2 en las precuelas (aún recuerdo cuando en Attack of the Clones, en la fábrica de droides, saca un par de retrocohetes y se lanza a volar).

Chewbacca… ah, qué puedo decir, el gigante peludo que continuará conectando las generaciones de Skywalker y otros quizás por cuántos siglos más, pero sufriendo por las pérdidas de sus amigos (me dolió verlo llorar por Leia en esta película… y me recordó cuando lloró por Han). Hablando de Solo, su nueva aparición como recuerdo (o fantasma) ante Kylo me conmovió. Fue esa segunda oportunidad que logró redimir a su hijo, «matando» a Kylo y renaciendo en Ben, fue emocionante.

No puedo olvidar a Lando Calrissian y su propia historia que lo conecta con Hanna, la extrooper que resultará (según el nuevo canon ya indicado en los cómics) ser su hija perdida hace años, cuando la Nueva Orden secuestraba niños para convertirlos en troopers (como pasó con Finn).

Y ahora los fantasmas. Definitivamente eché de menos ver más fantasmas jedi, aunque la aparición de Luke fue maravillosa, dando ese toque más místico (que perdimos en las precuelas, ¿se acuerdan del asunto midiclorianos?). Sin embargo, cuando Rey logra al fin entrar en comunión con todos los jedis que esperábamos (Yoda, Qui-Gon-, Obi-Wan joven y viejo, Ahsoka, Anakin y otros) faltó verlos a su alrededor, aunque fuera por unos segundos, antes de enfrentarse por última vez a ese Emperador casi inmortal que estuvo a punto de cumplir con su deseo de revivir (esa habilidad consideraba antinatural por los jedis… qué gran diálogo ese, fue una buena forma de conectar precuela y secuela). Pero bueno, no todo podemos tener en esta vida.

Mención aparte es el planeta Exegol, en especial el Templo Sith. Por el Creador, como diría C3PO, uno de los escenarios más majestuosos logrados en esta entrega. Las estatuas, el ambiente opresor, oscuro, decrépito, lleno de maldad, lleno del Lado Oscuro de la Fuerza, sumado a la presencia de tantos acólitos del Emperador (no sé cómo les llamarán en el nuevo canon, ya lo averiguaré) era el marco épico par el término de la historia. Totalmente acertado.

Y ahora vamos a la dupla Rey-Kylo… que finalmente cumplió el Reylo que muchos fans esperaban (y otros detestaban). El joven usuario del Lado Oscuro (porque sith no era… aún) siguió el mismo camino de su admirado abuelo, Darth Vader, tanto así que se reivindicó ayudando a Rey y luego salvándola de morir, usando la Fuerza para traspasarle un poco de su esencia vital (algo que ya hacíamos los que jugábamos rol por allá por los años ’90, con la versión D6). Era lógico por dos cosas: la primera es que las historias tienden a ser circulares, se producen ciclos que se repiten (aunque pueden haber ciertas diferencias, obvio) y la segunda, que la atracción entre ambos se dio desde el principio, sino imposible que lograran ese entendimiento tan profundo (pelea en la cámara del Líder Supremo Snoke en The Last Jedi) y esa conexión que les permitía bilocalizarse y verse a través de la Fuerza.

En general, creo que este película nos entregó un ambiente que solo habíamos percibido en los cómics (sean del antiguo canon, hoy llamado «Leyendas», o del actual disneyniano), los escenarios espectaculares más allá del espacio (como las ruinas de la Estrella de la Muerte que, inevitablemente, rememoran The Return of the Jedi), que permitieron guiños a otros escenarios que ya conocíamos, como el Árbol del Lado Oscuro en Dagobah (aquí, el cuarto contiguo al Salón del Trono del Emperador), el regreso al hogar de Luke en Tatooine (abandonado, pero aún en pie), las panorámicas de la destrucción de las naves de la Orden Final (en los cielos de Endor, como cuando estalló la Segunda Estrella de la Muerte), por nombrar algunos.

Uf, mucho, muchos detalles tiene esta película. Quedaré hasta aquí… por ahora, ya que seguiré con más análisis y recuerdos, porque como dije antes, para muchos de los fans que hemos crecido con la saga desde que se estrenó en 1977 (1978 para los chilenos) es el fin de un camino que nos ha emocionado, enojado, encantado, enamorado, convertido en héroes, muchas, muchas emociones que espero continúen con las nuevas series, llevándonos por más rincones de esa Galaxia muy, muy lejana.