De escritora a editora

Cuando decidí publicar, me vi en la necesidad de convertirme en dos personas a la vez. Sí, porque de escritora pasé a editora.

Fue una encrucijada, porque como escritora el ego surge, obvio, tratas de hacer lo mejor, piensas que tu historia está perfecta, pero no es así. Siempre surge un detalle, a veces son solo errores de ortografía, otras de estructura del texto, quizás un personaje que no está funcionando, también podría ser un diálogo mal desarrollado… muchos detalles que solo una persona que no haya leído el texto y tenga conocimientos básicos de «cómo se cuenta una historia» puede detectar con cierta facilidad.

Sin embargo, el desafío es autoeditarse. Y, para eso, hay que distanciarse del texto lo más posible, leerlo como si fuera desconocido total. Una técnica básica es «dejar reposar» el texto, guardado en un cajón, si se quiere, pero olvidarse de él.

Tiempo después, unas semanas, un par de meses, tomarlo y sentarse a leer, con lápiz y libreta en mano para tomar notas, o si es en versión digital, usar el Word y su control de cambio, o quizás en pdf y usar un lector que tenga herramientas de edición con las que puedan marcar o agregar notas con comentarios.

Hay que ser crítica/o, pero no exagerar, a veces el afán de perfección nos juega una mala pasada y se podría arruinar algo que está bien. Por eso hay que plantarse con responsabilidad ante el texto propio, reconociendo lo que está bien y corrigiendo aquello que no nos convence del todo. Eso puede complementarse con una segunda opinión, es decir, recurrir a lectores beta, quienes deben ser de nuestra total confianza, además, ellos podrán hacer preguntas que cualquier otro lector se haría y que no se encuentra respuesta en el texto. Esto servirá también como indicios a tomar en consideración, si la intención es hacer una saga o construir un mundo completo.

El proceso de conversión de escritora a editora es enriquecedor, sobre todo cuando los debates entre estas dos facetas se vuelven un tira y afloja importante en pro de mejorar el texto, considerando que muchas variables que hay que tomar con tranquilidad. Tener buena ortografía (y si surgen dudas, recurrir a la RAE o a algún libro de ortografía o gramática), conocer la estructura del texto (ya sea cuento, novela u otro, recomiendo leer a Mijail Bajtin y sus estudios al respecto, y, de paso, semiología), conocer las reglas básicas del género en el que se enmarca el texto y, lo más importante, tener confianza en que tu trabajo como escritora y como editora es bueno.